sábado, 2 de enero de 2010

Lo que hay detrás del supuesto atentado a la aereolinea Northwest Airlines: EE.UU otra vez a la carga



Tambores de guerra estadounidenses en Yemen tras el incidente de la línea aérea.


Articulo escrito por Bill Van Auken, publicado en el portal virtual "La Haine".


La intervención militar estadounidense en Yemen se lleva a cabo en apoyo del régimen dictatorial del mariscal Ali Saleh, jefe del Estado durante más de 30 años.

Tras el fallido intento el día de Navidad del joven nigeriano de 23 años Umar Faruk Abdulmutallab de detonar una bomba en el vuelo de Northwest Airlines con destino a Detroit procedente de Ámsterdam, se han intensificado los tambores de guerra a favor de una mayor intervención militar estadounidense en Yemen.


Aunque los altos cargos estadounidenses indicaron inicialmente que creían que el sospechoso había actuado solo y que no tenía relación formal con ninguna organización terrorista, esto no impidió que los principales dirigentes políticos de ambos partidos y la mayoría de los medios de comunicación estadounidenses plantearan inmediatamente la posibilidad de una guerra en Yemen, donde Abdulmutallab tiene vínculos familiares (su madre es yemení) y donde hay presencia de al-Qaeda.


Posteriormente las noticias de los medios de comunicación citaron a altos cargos estadounidenses sin dar nombres que afirmaban que Abdulmutallab había dicho en los interrogatorios que había asistido a un campamento de al-Qaeda en Yemen, donde una página web que afirmaba hablar en nombre de la organización reivindicó el atentado fallido.
Sea cierta o no la conexión yemení con el incidente, ha demostrado ser muy fortuita para la administración Obama que, de forma paralela a su escalada en Afganistán, ya ha emprendido una intervención militar secreta en el empobrecido país árabe.
Como informaba este lunes el New York Times, “en medio de dos importantes guerras sin terminar, Estados Unidos ha abierto sigilosamente una tercera, en gran parte un frente encubierto contra al-Qaeda en Yemen”.

Citando a altos cargos militares y de la inteligencia estadounidense sin dar nombres, el Times informa de que la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) ha enviado “al país a varios de sus operativos de campo de alto nivel con experiencia en contraterrorismo” mientras que “algunos de los más secretos comandos de Operaciones Especiales han empezado a adiestrar a fuerzas de seguridad yemeníes en tácticas contraterroristas”.

Con la administración Obama la ayuda militar estadounidense a Yemen ha ascendido a 70 millones de dólares frente a la prácticamente nula de 2008.


Las noticias sobre las cada vez mayores actividades de operativos de la CIA y comandos de Operaciones Especiales en Yemen siguen a una serie de ataques aéreos estadounidenses encubiertos. El 17 de diciembre aviones de combate estadounidenses que dispararon misiles crucero atacaron lo que los altos cargos de Washington afirmaban eran campos de adiestramiento de al-Qaeda en las provincias de Sana’a y Abyan. Sin embargo, altos cargos en Yemen afirmaron que los ataques habían costado la vida de más de 60 civiles, 28 de ellos niños.
El 24 de diciembre se llevó a cabo un segundo ataque en la remota región de Shabwa contra lo que los altos cargos estadounidenses describían como un encuentro de operativos de al-Qaeda. De nuevo los yemeníes que están en la zona afirmaron que no había habido semejante encuentro.
Altos cargos de la inteligencia estadounidense afirmaron que uno de los objetivos del ataque del 24 de diciembre era Anwar al Awlaki, un clérigo musulmán ciudadano estadounidense nacido en Nuevo México. Aunque Awlaki ha estado relacionado con el mayor del ejército estadounidense Nidal Malik Hasan que el mes pasado fue el autor del tiroteo de Fort Hood, a él mismo no le han acusado de crimen alguno. El intento de llevar a cabo esta ejecución extrajudicial no ha provocado la menor crítica en ninguna sección de los medios de comunicación o de la clase política en Estados Unidos.


Según se ha informado, se han utilizado aviones de guerra estadounidenses junto con una acción militar saudí contra una rebelión interna en la provincia Saada situada al noroeste cerca de la frontera con Arabia Saudí. El objetivo de los ataques es un movimiento armado conocido como los huzíes, del nombre de su ex comandante, que se formó para defender a la población zaydí shia. La población zaydí, grupo dominante en el país hasta 1962, cuando un golpe nasserita derrocó a la monarquía gobernante, ha sido oprimida y discriminada por el actual gobierno.
Los combatientes huzíes acusan a Estados Unidos de haber emprendido unos treinta ataques contra Saada desde el pasado mes de agosto, cuando el régimen yemení emprendió una ofensiva militar denominada “Operación Tierra Chamuscada”.


Los círculos de la política exterior estadounidenses han tratado de presentar la guerra contra los huzíes como una lucha contra la influencia iraní en la región. Al mismo tiempo el régimen yemení ha hecho la improbable afirmación de que el grupo está respaldado por al-Qaeda, que se basa en el fundamentalismo sunní y ha emprendido ataques terroristas contra poblaciones chiíes.
La intervención militar estadounidense en Yemen se está llevando a cabo en apoyo del régimen dictatorial del mariscal de campo Ali Saleh, que ha sido jefe del Estado durante más de treinta años, primero como presidente de Yemen del Norte hasta 1990 y después, tras la unificación posterior a la Guerra Fría, como presidente del país unificado.
Con 23,8 millones de habitantes, Yemen es el país más pobre del mundo árabe. Más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de pobreza. Más del 40% de los yemeníes están en paro y el 54% son analfabetos.


Además del movimiento huzí en el noroeste del país, el régimen de Saleh se enfrenta a un movimiento separatista en el sur. Ha tratado de sofocar estos movimientos de oposición con extrema brutalidad. Además de llevar a cabo operaciones militares de castigo colectivo que han costado las vidas de miles de civiles y convertido a otras decenas de miles más en refugiados, ha suprimido sistemáticamente a la disidencia política.
El mes pasado el Comité de Naciones Unidas contra la Tortura publicó un punzante informe sobre ellas condiciones de Yemen en el que se mencionaba “la toma de rehenes e informes de que miembros de una familia fueron secuestrados y detenidos para garantizar que las personas a las que se estaba buscando se entregarían, así como detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas”.

Según el informe eran comunes “los secuestros y los asesinatos extrajudiciales”, incluido contra menores.
El informe señala que “se ha encarcelado a niños de siete u ocho años, que permanecen con los adultos y con frecuencia sufren abusos”. “También se ha condenado a muerte y ejecutado a niños”.
El informe señala que las fuerzas de seguridad y las autoridades de las cárceles ejercen la tortura con impunidad. Un documento presentado ante el Comité de Naciones Unidas por un grupo de organizaciones de derechos humanos yemení establecía una lista de varios activistas de la oposición que han sido torturados hasta la muerte, al tiempo que describía cómo a los detenidos (niños incluidos) se les golpea con cables, se les quema, se les cuelga de las manos y brazos, se les viola y amenaza con violación.

Éste es el carácter del régimen con el que, según el Times, “la Casa Blanca de Obama está tratando de estrechar lazos duraderos”. El despliegue de comandos de Operaciones Especiales y operativos de la CIA no hará sino intensificar esta represión atroz.

Como dejaba claro el Times, cuanto más ayude Washington en esta represión, más intensa y letal será la represión. “El problema es que la implicación de Estados Unidos crea simpatía por al-Qaeda”, declaró al periódico un funcionario yemení. “La cooperación es necesaria, pero no cabe duda de que tiene un efecto sobre el hombre de la calle. Simpatiza con al-Qaeda”.
De forma similar, Associated Press citó las palabras de Gregory Johnsen, un experto en Yemen de la universidad de Princeton, quien afirmaba que la creciente intervención militar estadounidense en el país “probablemente era contraproducente”. Afirmó que los ataques aéreos y los subsiguientes vídeos y fotografías de mujeres y niños masacrados por los misiles estadounidenses proporcionaban “un campo de reclutamiento a al-Qaeda”.


Estas preocupaciones parecen tener poco peso en Washington o en los medios de comunicación estadounidenses, ya que la administración Obama sigue forjando una tercera guerra de Estados Unidos en las regiones ricas en petróleo que se extienden desde Oriente Medio a Asia Central.
El incidente de Northwest Airlines ha provocado llamamientos a una acción militar más directa por parte tanto de los políticos republicanos como de los demócratas.
El senator Joseph Lieberman, el denominado “demócrata independiente” que dirige el Comité de Seguridad Nacional del Senado, pidió el domingo una intervención militar “preventiva” en Yemen.
“Alguien de nuestro gobierno me dijo ayer en Sana’a, la capital de Yemen, que la guerra de Iraq era una guerra de ayer”, dijo Lieberman en una entrevista para Fox News. “Afganistán es la guerra de hoy. Si no actuamos preventivamente, Yemen será la guerra de mañana. Éste es el peligro al que nos enfrentamos”.
El senador Arlen Specter, un demócrata de Pennsylvania que intervino en el mismo programa, estaba de acuerdo y afirmó que un ataque militare a Yemen es “algo que deberíamos considerar”.


“Yemen es el nuevo FATA, o lo será”, dijo la diputada Jane Harman, una demócrata de California Democrat que pertence al Subcomité de Seguridad Nacional sobre inteligencia. Se refería a las Áreas Tribales Administradas Federalmente (FATA en sus siglas en inglés), en las que la CIA y el ejército estadounidense han estado llevando a cabo cada vez más frecuentes ataques con misiles y las tropas de Operaciones Especiales incursiones terrestres.
Como ocurre en cada campaña a favor de la guerra, los medios de comunicación estadounidenses han acatado esta línea. El Washington Post publicó un artículo en portada con el titular “Un grupo de al-Qaeda en Yemen está ganando importancia”.
A pesar de que el artículo del Washington Post reconocía que todavía había que demostrar la afirmación de que al-Qaeda había organizado el atentado fallido, continuaba: “De ser cierta la afirmación, representa ... la aparición de una nueva amenaza importante para Estados Unidos, Oriente Medio y el Cuerno de África”.


Como es habitual, los informativos por cable fueron aún más categóricos y belicosos. “¿Entonces estamos perdiendo el barco ahí?”, preguntó el lunes por la tarde la presentadora de CNN Kyra Philips a un “experto” en contraterrorismo. “Estamos en guerra en Afganistán, estamos en guerra en Iraq. ¿Deberíamos estar en guerra en Yemen?”.


Si Estados Unidos está preparando otra guerra más, esta vez en Yemen, no es para erradicar el terrorismo o proteger a estadounidenses. La afirmación de que estos métodos pueden lograr estos supuestos objetivos se puede usar para justificar la intervención militar estadounidense prácticamente en todas partes desde Pakistán a Somalia, Indonesia, Filipinas y todo Oriente Medio.
El verdadero objetivo del imperialismo estadounidense es imponer su control hegemónico sobre los suministros energéticos estratégicos y los oleoductos y rutas de transporte por barco que lo transportan a las principales potencias del mundo. Yemen controla el estrecho de Bab-el-Mandeb que comunica el Golfo de Adán y el Mar Rojo, y proporciona acceso a la Canal de Suez Canal, un punto de paso vital a través del cual los buques cisterna transportan unos tres millones de barriles de petróleo al día.

La administración Obama llegó al poder con la consigna del “cambio” gracias en gran parte a la hostilidad del pueblo estadounidense hacia las dos guerras emprendidas bajo la presidencia de George W. Bush. Ahora, en vez de acabar estas guerras, la Casa Blanca de Obama continúa la ocupación de Iraq, envía al menos 30.000 soldados estadounidenses más a Afganistán e incluso inicia otra intervención militar estadounidense en Yemen.

Estas acciones militares significarán aumentar la muerte y la destrucción de estos países, un número cada vez mayor de soldados estadounidense muertos y heridos, y la creciente posibilidad de un conflicto mucho mayor y potencialmente global.

La creciente amenaza de una guerra estadounidense en Yemen demuestra la imposibilidad de oponerse al militarismo estadounidense dentro del marco del sistema capitalista de dos partidos. Esta lucha exige una movilización política independiente de la clase trabajadora contra la administración Obama sobre la base de un programa socialista para acabar con el sistema del beneficio que es la fuerza motriz de la guerra imperialista.

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